Los volvería a adoptar mil veces.

Los volvería a adoptar mil veces.

La historia de cómo este par llegaron a mi vida no será muy distinta de la de otros tantos peludos abandonados.

Yo siempre había querido una casa con gatos, pero con mis padres no era posible.
Cuando empecé a vivir con mi pareja parecía que nunca era el momento: por economía, por tiempo, por acondicionamiento de la casa,… yo miraba en internet gatos de distintas asociaciones, y había uno que me tenía enamorada. Uno como tantos otros, común europeo, pero que, por alguna razón, siempre terminaba buscando a ver si seguía en adopción.

En febrero de 2010 terminé una sustitución en un colegio y estaba bastante triste.
Mi marido me recogió en el colegio y me dijo: ¿Sabes qué? Vamos al refugio a ver si sigue allí el negrito y se viene a casa. 
Sin arenero, sin comida, sin nada, pero allí nos fuimos. Y al llegar surgió el amor.

 Preguntamos por Saltón II, porque no lo veíamos entre tanto peludillo. La respuesta fue: ¿Veis el que se frota en vuestras piernas? Y ahí estaba, pidiendo que lo metiéramos en nuestra vida.
No sé quién eligió a quien pero estábamos destinados a ser una familia. Y Saltón II, rebautizado como Zarpas y luego como Negri se vino a casa.
Con otitis, conjuntivitis, parásitos, resfriado… Y después de veterinario y baño todavía ronroneaba paseando por el pasillo de casa. Esa noche ya durmió en nuestra cama.

Un año después, siendo yo colaboradora del refugio donde recogí a mi Negri, apareció Pipo, rebautizado Tass y, al final, Rubio. Su dueño lo había dejado en el refugio, recién esterilizado y desungulado. No lo podía mantener, decía. Y allí estaba metido en una jaula, chillando y muerto de miedo. ¿Por que no lo acogemos? Pues si, lo acogimos, y la acogida duró 24 horas porque la felicidad de nuestro Negri eran tan grande, siguiéndolo por la casa, intentando jugar, dormir, todo con él, que la acogida se transformó en adopción al instante.

Siete años después está es una casa llena de amor, risas y pelos. Rubio es un payasete, con posturas imposibles y llamadas de atención constantes. Con los años se ha vuelto muy cariñoso y realmente necesita al humano. 
Negri es el amor en estado puro. Sabe exactamente cómo te sientes y cuándo necesitas el mimo. Si estoy trabajando se tumba muy quietito a mi lado, si estoy con mi marido en el sofá, necesita estar en medio en contacto con los dos. Ellos se llevan de maravilla. Jamás se han peleado. Juegan, duermen, comen siempre juntos. Y cuando Rubio se porta mal, Negri se sienta al lado del sitio donde la está liando y me mira, como avisando de que algo pasa. 
Son como niños humanos, todo inocencia y amor.

Yo no sé qué puede llevar a una persona a abandonar a un peludo. O a comprar, con la cantidad de gatos esperando para dar todo el amor que lleva dentro. Lo que sé es que no pudimos tomar mejor decisión el día que fuimos a por uno, y que traerle a su hermano fue lo mejor que pudimos hacer por él. No los cambio por nada, a pesar de tener que pagar porque los cuiden cuando no estoy, a pesar de la preocupación si están malos, los pelos por todas partes y los arañazos con los que termino cada vez que jugamos. Los volvería a adoptar mil veces.

Rosa Fernandez
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Comentarios (2)

  • Desam Contestar

    Me siento muy identificada con tu historia! Y tampoco entiendo como hay gente que los puede abandonar… Qué suerte teneros!

    2017-07-12 a las 20:30
  • Yeliza Julieta Contestar

    Te entiendo perfectamente… y opino lo mismo que tú: volvería a adoptar mil, cien mil veces a mis peludos!!! 😍 bendiciones para ustedes!

    2017-07-13 a las 01:33

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